La cooperativa La Carrera, como actualmente la conocemos en sus instalaciones actuales, nació con la idea de continuar la labor que se venía realizando en la ciudad por parte de un “molino privado” de recoger, moler y comercializar el aceite de Oliva obtenido. Este “molino privado” era particular de los llamados “industriales”, situado en la calle que es hoy es la Avenida de la Constitución; se dedicaba a moler y tomar aceituna a sus clientes o cosecheros, propiedad de D. Juan Fernández Madrid. Este señor murió en la guerra sin dejar hijos herederos por que el molino paso a su hermana Dª Francisca Fernández de Madrid suegra de D. Julio Corzo y de D. Pedro Almagro.

Por aquellos años de 1940 después de la guerra, el molino estaba arrendado en explotación a D. Baltasar Lara que ya tenía otro molino enfrente de su propiedad y dedicado a los mismos menesteres, de esta manera evitaba la competencia.

Acordaron los dos cuñados recoger el molino a D. Baltasar Lara, accediendo de buena fe a esta petición, y tratar de explotar junto a D. Manuel Blanca García, esta “cafetera” con dos presas hidráulicas y dos molinos de piedra. Esta era toda la industria en maquinaria e instalaciones.

D. Manuel Blanca García ya tenía otro molino en la calle Valencia de Úbeda, contaba con experiencia y decidieron hacerse almacenistas como ACEITES BAC (Blanca, Almagro, Corzo) con domicilio en Madrid. Estuvieron algún tiempo funcionando, pero vieron que no era rentable la Sociedad y decidieron cerrarla.

Después de algún tiempo entre una Sociedad y teniendo a los clientes cosecheros, que ya eran del tiempo de Juan Fernández, el molino con sus escasas instalaciones y experiencia que le había aportado el tiempo de funcionamiento, propusieron la idea de construir una Cooperativa.

Con la firme decisión de fundar una nueva industria Cooperativa olivarera en la ciudad decidieron pedir permiso a las autoridades competentes: local y regional, presentando las oportunas solicitudes, pero los molinos y cooperativas ya existentes como la cooperativa de “El Molinillo” y los molinos de Gasó y Lara se opusieron, pretextando que existían en ese entonces tres molinos en la misma ciudad y que eran suficientes.

D. Pedro Almagro se encontraba en ese momento en el sindicato de la banca, bolsa y ahorro, ya que desempeñaba el papel de Director en la Caja de Ahorros de Granada. Conocía el funcionamiento sindical y comenzó a mover la solicitud de constitución de la Cooperativa, aportando relación de Socios compromisarios con interés. Con toda esa documentación, consiguió que en el año 1968 le concedieran los permisos necesarios para la Construcción de la Almazara.

Se nombró una junta rectora provisional y el siguiente paso fue buscar un sitio, pues el que ocupaba era muy pequeño. Por aquel entonces el alcalde de Úbeda era D. Miguel Sánchez Díaz quien propuso realizar una ampliación de la calle, entonces 18 de Julio. Para ello expropió 300 metros de los 3.000 metros propiedad de D. Pedro Almagro que había vendido a la Cooperativa.

Seguían siendo insuficientes estos 2.700 mts2 que quedaban y lindando con estos metros estaban las eras donde se trillaban los cereales, parte de ellas expropiadas por el ayuntamiento y cedidas a la empresa FABREGAS que había estado en Úbeda canalizando en las calles los desagües y que habiendo terminando, sólo guardaban allí los restos de materiales.

Se presentaron en las oficinas de FABREGAS (Madrid) D. Pedro Almagro y D. Andrés Carlos Martínez de las Peñas, y acordaron la compra de los 11.000 metros cuadrados que tenían, y juntaron ya entonces 13.700 metros con lo que comenzaron la actividad y gestiones donde actualmente se encuentra la Cooperativa.

Contactaron con D. Andrés Moreno Siles para la realización de la obra, como no tenían proyecto ni licencia, los encargaron al Sr. Marín Uceda, Ingeniero Agrónomo. Como tampoco había dinero para las obras, y ya había muchos agricultores apuntándose para pertenecer a esta Cooperativa, la Junta provisional acordó pedir una Póliza de Crédito Personal de 5 millones de pesetas en el Banco Hispano Americano, garantizado por D. Ramón Díaz Saro, D. Pedro Almagro, D. Julio Corzo y D. Fernando Biedma.

D. Andrés Moreno Siles aceptó el trato de hacer la obra, pero para poder cobrar tenía que haber sido aprobado por la Junta General de Socios y en caso contrario no cobraba.

Este hecho provocó que la subvención solicitada de 7/8 millones de peseta se archivara por carecer del mencionado certificado.

Por aquellos tiempos, el Director General de Industria Agraria era D. Miguel Alponte, amigo y compañero de estudios de D. Pedro Almagro. Al archivar el expediente de ayudas, este Director reconoció el nombre de D. Pedro al que no veía desde antes de la Guerra (casi 30 años), y lo llamó por teléfono, le contó el caso y le prometió una entrevista con el Ministro de Agricultura para estudiar con profundidad la anomalía cometida.

Al poco tiempo, recibió la llamada de su amigo para la entrevista que le había concedido el Ministro, pasó primero por el despacho de su amigo el Director General y seguidamente al despacho del Ministro, quien sin hacerle mucho caso en su exposición de los hechos, autorizó a modificar el decreto y el expediente, condicionándolo a que las obras no estuvieran realizadas en más del 90%, acto seguido lo paso al Consejo de Ministros para su aprobación.

Al poco tiempo la subvención fue recibida y con ello terminaron las obras de los edificios y oficinas que actualmente tenemos, pagaron parte a D. Andrés Moreno Siles y otra parte a la Póliza de Crédito Personal.

En ese año de 1969 se reunió la primera Junta General de 20 de Agosto, y en ella, entre otras cosas, se acordó por unanimidad elevar a definitiva la Junta Rectora Provisional, quedando de la siguiente forma:

–       PRESIDENTE: D. Pedro Almagro Ruiz

–       SECRETARIO: D. Juan Cruz Bellón

–       TESORERO: D Andrés Carlos Martínez Peñas

–       VOCALES: D. Alfonso Guerrero Martínez, D. José Medina de Dios y D. Domingo Molina Molina.

FUENTE: D. Pedro Almagro Ruiz